¿Estamos preparados para la muerte de nuestra abuela?

Mi abuela fue el primer ser que vi agonizar. Todo su sistema se desintegraba en las narices de quienes estábamos aquel día en la pieza con cama clínica.


A mi Nona no le gustaban los hospitales, pero el día anterior ya era mucho su dolor. Yo sabía que iba a morir, y no estaba preparada para su partida. El duelo, dicen, parte antes del día en que ocurre un final. Sea una muerte que ya sabes que vendrá, o bien una relación que va a morir.


Meses antes, ella me dijo que soñaba mucho con sus muertos. ‘Nora, no sólo a ti te gusta que te regalen flores’, le habló su hermana en un sueño, y allá partió mi papá al cementerio a dejarle un ramo de rosas a la tía que ya invitaba a mi Nonita a irse😒.


‘Nora Quezada Martínez, preséntese’, oyó por altavoz también en un sueño mi querida Nona. Pero ella todavía no quería presentarse, aunque ya el cuerpo estaba cansado, Nona se aferraba a algo. No sé bien a qué. Pero puedo imaginar tantas cosas. Sus siete hijas y dos hijos quedaban acá sin padre ni madre. Y yo sin abuela. Sin la abuela más cantora, alegre y firme opositora a la tristeza (lo que no está bien). Pese a eso sus suspiros se salían cariñosos cuando contemplaba a la familia desde la cabecera de la mesa.

Son cinco años de un duelo que ha sido bello. Siento con amor su voz, sus manos jugando a las cartas o acariciándome la palma y lanzándome un beso.
Mi duelo ha sido soltar lo imposible y aceptar la maravillosa naturaleza de verla partir vieja en un cajón del que me guardé una rosa como una memoria del día en que ella se separó por fin de este mundo.


Generosa Nona tuve. Incluso me visitó en sueños para ofrecerme su calor en días tan difíciles como la depresión.
Pienso que está tranquila y contenta.


No creo que estemos preparados para la muerte, pero sí debemos mirar más allá de lo que sentimos para ponernos en el sitio del otro. Mi Nona quería morir, agonizó varias horas. Yo puse mi amor a disposición de su despegue. Y verla muerta fue también ver partir mi niñez y mi adolescencia. Cuando Nona se fue, comencé a cerrar un ciclo y vivir el duelo de no tenerla en esta adultez. Un ciclo difícil que nace como la oportunidad de elegir ser la persona que quiero ser.

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