De cómo empecé a eliminar prejuicios y estereotipos

Por Nicole Salvatierra

Llegué de mal humor a tomar el tren de Cusco a Aguas Calientes. Aunque Machu Picchu es un panorama que casi cualquiera quisiese, yo estaba pasando un momento difícil en la vida. Me había separado recién y la verdad es que el viaje solo era un pretexto para distraerme. Bueno, al menos lo intentaba… pero igual mi genio andaba “killer” y cuando logré encontrar el carro de mi ticket, se puso peor. Yo quería el puesto de la ventana y al verlo ocupado mi odiosidad creció. “Más encima me toca al lado de un gringo Mc Donald gigante”, pensé.

En el espacio que quedaba, intenté acomodarme. Mi compañero de asiento vestía buzo y polera negra y usaba una cola corta que en las puntas resaltaba el dorado de su pelo. Hablaba animadamente en inglés con una pareja que estaba en el asiento del frente, yo pensé que eran todos amigos. Hasta que vino el asistente del tren a preguntar si queríamos algo de comida, y ahí el gringo oyó mi acento.

-Eres chilena, me dijo en perfecto tono chileno.

– Eh, sí ¿y… tú también?

-No, soy de Estados Unidos pero llevo más de quince años viviendo en Chile. Por eso el acento.

En eso, nos interrumpió el chico del servicio para ofrecer comida. Confieso que de inmediato creí que mi interlocutor preguntaría por una hamburguesa

“Yo me quedé plop. En mi cabeza prejuiciosa no cabía que un gringo de talla grande comiera sano. Internamente, estaba avergonzada”.

-¿Hay alguna opción sin carne? Soy vegano, dijo. Y terminó comprando unas semillas de snack.

Sacudir prejuicios

Yo me quedé plop. En mi cabeza prejuiciosa no cabía que un gringo de talla grande comiera sano. Internamente, estaba avergonzada.

Fue como un tate-quieto que me dio la vida, una sacudida interna a los pensamientos que están precedidos por juicios sociales y culturales.

Para resumir, puedo contarles que con el falso “gringo McDonald” hablamos todo el camino. Él era profesor de Lingüística en una Universidad y, de hecho, hasta había leído una nota que yo saqué en Diario La Cuarta antes de venirme, sobre libro que analizaba los gentilicios y topónimos de Chile.

La conversación con este compañero de viaje, que iba a Machu Picchu aprovechando que estaba en Perú por un congreso de lengua quechua, alegró mi estadía. Desde ese día, intenté poner aún más voluntad para sentirme presente y vivir la novedad que es viajar, ojalá, sacudiendo los prejuicios que son parte de una.

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